Un mes usando un asistente de escritura en el día a día de una agencia boutique, con tareas reales y sin promesas de folleto.
Autor: Nerea Vidal, coordinadora de cuentas en una agencia de seis personas.
Contexto: Equipo pequeño, cartera de cuatro clientes activos, reuniones semanales de planificación y bastante documentación compartida.
Durante el primer mes probé el asistente con tareas cotidianas: redactar correos de seguimiento, resumir actas de reunión, limpiar una hoja de seguimiento de entregables y preparar un guion corto para vídeo. No usé casos de laboratorio. Todo salió de la bandeja de entrada real y del calendario real.
Lo que mejor funcionó fue el correo de seguimiento educado. Cuando el hilo ya tenía contexto, el asistente respetaba el tono y solo había que ajustar una o dos frases. En los correos delicados, con disculpa o prórroga, la sugerencia sonaba demasiado plana y preferí escribir desde cero. Es un patrón que se repite: cuanto más matiz tiene la situación, menos sirve la primera propuesta.
En resúmenes de reunión el resultado fue decente si la grabación tenía buen audio. Los nombres propios y las cifras fallaron más de lo que esperaba, así que terminé revisando siempre esas dos cosas antes de compartir el documento. La exportación a docx conservó bien los apartados; la de texto plano perdió las marcas de quién dijo qué.
La limpieza de la hoja de cálculo fue el punto flojo. Con datos consistentes clasificó bien, pero en cuanto había categorías mezcladas empezó a inventar etiquetas nuevas. Tuvimos que volver a la versión anterior y hacerlo a mano. No es un fallo grave, pero conviene saberlo antes de confiarle una tabla que ya funciona.
Después de un mes, mi conclusión es sencilla: merece la pena si lo usas para redactar y resumir, y no tanto si esperas que ordene datos desordenados. Antes de pasar a una suscripción anual, mediría cuántas horas reales recupera el equipo en una semana normal.